Revertir Problemas Crónicos de Salud

En materia de salud, tenemos que buscar los factores que están influyendo negativamente en ella: estrés, toxinas, exposición a sustancias químicas, campos electromagnéticos, los metales dentales, desencadenantes ambientales, susceptibilidad genética, medicamentos, dieta, ejercicio, viejas lesiones, las emociones, los malos hábitos y más.

Cuando identificamos lo que nos perjudica, entonces tenemos que trabajar para eliminar esa fuente de irritación para nuestro sistema, por lo menos esa es la meta. Identificar cada uno de estos problemas, el establecimiento de prioridades y metas así como un plan es una combinación única para cada persona.


Cuando identificamos esta combinación suceden las cosas bien sorprendentes. La puerta de nuestra potencial genético para la curación y la vitalidad se abre y la gente comienza a sanar y por lo general se puede sentir un cambio casi de inmediato. A medida que continuamos aplicando nuestro plan las mejoras se vuelven más profundas y duraderas para nuestra vida y nuestra salud.

Algunos casos son sin duda más difícil que otros. Algunos se recuperará muy rápido y “aparentemente” fácil. Pero todos pueden mejorar. El indicador más común del resultado es su nivel de compromiso y las ganas de seguir adelante.

Se necesita tiempo, años en algunos casos, pero la gente por lo general saben que están en el camino correcto con bastante rapidez. No hay dos casos iguales y los programas son distintos. Usar medicamentos para resolver estos problemas es como tratar de abrir una cerradura de combinación con una llave convencional, simplemente no funciona de esa manera y consiguen frustrarle cuando la puerta permanece cerrada y bloqueada.
La razón por la que la gente no entiende cómo se hace esto es debido a que todavía están en busca de un “tratamiento” para curarlos, esa llave, una píldora, polvo o elixir que elimine el dolor y les devuelva su vida.

La curación es un proceso, que necesita tiempo, se necesita un cambio, un plan, y necesita orientación. Así es cómo ayudamos a la gente a superar los problemas de salud crónicos, como la fibromialgia, la depresión, la ansiedad, el dolor crónico, la fatiga crónica, la diabetes, los problemas inflamatorios, tiroides autoinmune y más. También podemos ayudar a una persona sana a mejorar su salud y prevenir problemas.
Puede iniciar el proceso usted mismo, no nos necesita para nada. Comience con beber más agua, caminar más, eliminar malos hábitos, y pronto comenzará a se siente bien, busque ayuda cuando sea necesario, vamos a estar ahí, pero debe ponerse estos cambios positivos como pasos ineludibles hacia su meta. Los pasos más pequeños son necesarios para el mayor viaje. Tome sus medicamentos cuando los necesite, es usted quien tiene que vivir con el dolor, nadie más, y estoy seguro que usted sabrá cuando no los necesita más, es su decisión.

Los medicamentos pueden curarle o no, pero pueden ayudar a que te sientas mejor para poder tomar la acción de la que estoy hablando. Pero sin acción no obtendrá ninguna mejora.
Lo que intento es dar esperanza y aliento, motivar a la gente a seguir adelante, probar cosas nuevas y no rendirse aunque le hayan dicho que su enfermedad no tiene cura. Nuestro cuerpo trabaja para estar bien y va a avanzar en esa dirección, cuando se le da lo que necesita hacemos su trabajo mucho más sencillo y esto hace que las posibilidades de recuperación aumenten.

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De Poemas y.. ¿Berenjenas?

Hasta que los poetas románticos del XIX decidieron que la poesía debía ser precisamente eso, romántica, y por lo tanto dedicada a temas más bien espirituales, la literatura española es abundante en obras rimadas relativas a algo tan prosaico como las cosas de comer… especialmente en nuestro Siglo de Oro. Efectivamente, raros son los poetas del XVI o el XVII que no hayan tocado alguna vez temas gastronómicos. Lope de Vega, Quevedo, Cervantes, Tirso de Molina, Guillén de Castro, Vélez de Guevara, Rojas Zorrilla y tantos otros han dedicado no pocas estrofas a cantar las alabanzas de muy variados alimentos… aunque a la hora de poner en verso algo de beber hayan sido unánimes en la alabanza: sólo el vino se merece unos buenos versos.

Por supuesto, la lectura de esas obras es una espléndida fuente de datos para quienes nos dedicamos a la investigación de la Historia de la Gastronomía. Por ejemplo, el hecho de que Cervantes, Lope o Quevedo mencionen en alguna de sus obras, como efectivamente lo hacen, los pimientos, nos permite saber que ese fruto americano, llegado a España en el XVI, era ya popular, cotidiano, para los españoles de principios del XVII. Bien, uno de los poetas de la época -vivió en el siglo XVI- que ha pasado a la historia más por sus poesías `gastronómicas` que por sus obras del género amatorio o religioso, es el sevillano Baltasar del Alcázar. Suya es `La cena`, obra de la que casi todo el mundo conoce algún fragmento, especialmente, quizá, el que proclama: “Si es o no invención moderna / vive Dios que no lo sé; / pero delicada fue / la invención de la taberna…”

Otra de sus poesías `comestibles`, menos conocida, es un canto a un plato de bastante antigüedad al menos en Andalucía: las berenjenas con queso. Empieza así: “Tres cosas me tienen preso / de amores el corazón: / la bella Inés, el jamón / y berenjenas con queso”. Un poco más adelante, al enumerar los méritos de cada uno de sus tres `amores`, puntualiza: “Alega Inés su belleza; / el jamón, que es de Aracena;/ y el queso con berenjena / su andaluza antigüedad.” Esto demuestra que ya en el siglo XVI tenía prestigio el jamón de la onubense Sierra de Aracena, igual que hoy. Y que las berenjenas con queso eran consideradas una cosa bien asentada, de razonable antigüedad.

Al menos, su origen sí que parece andaluz. Andalusí, diremos más bien, ya que las berenjenas fueron uno de los productos orientales importados por los árabes y que pronto tomaron carta de naturaleza en la cocina de Al-Andalus. Su combinación con queso es, ciertamente, muy agradable. Pero a nosotros se nos ha ocurrido añadir al plato otro de los `amores` de Baltasar del Alcázar, el jamón, que los creadores de la combinación, se supone que musulmanes observantes, tenían vedado por su religión. Y, para redondear la cosa, decidimos incluir en la receta un poco de tomate, planta llegada de América en vida del propio autor de los poemas antes citados.

Partimos de dos berenjenas hermosas, compactas, moradas, tersas, sin vetas. Las lavamos bien y las cortamos en rodajas de, más bien más que menos, medio centímetro de grosor. Con mucho cuidado, cortamos cada rodaja al medio, pero en libro, es decir, sin llegar a separar las dos mitades, con lo que tuvimos preparadas las partes externas de los `sandwiches` que habíamos imaginado. Salamos, por las caras exteriores, las rodajas de berenjena y las colocamos sobre una tabla de cocina, donde las dejamos una media hora, para que `sudaran`, con una doble intención: la de que, por una parte, perdieran algo de su amargor -no todo, que es un amargor muy agradable cuando está bien matizado- y, por otro, moderasen su exagerada sed de aceite, que es el mayor defecto de la berenjena.

Introdujimos en el interior de cada `libro` -de cada díptico, diríamos mejor- una loncha fina de buen jamón dulce, de La Selva; otra de tomate bien rojo y compacto, y una tercera de queso de vaca; usamos Emmenthal, pero podríamos haber utilizado un buen Mahón no muy curado. Aseguramos el extremo abierto de cada díptico con un palillo y pasamos esos `sandwiches` por huevo batido y pan rallado. De ahí, a la sartén, con abundante y caliente aceite de oliva. En cuanto estuvieron doradas, a escurrir sobre papel absorbente de cocina… y a la mesa. El resultado no pudo ser más satisfactorio, y seguramente merecía ser plasmado en verso cuando menos endecasílabo; pero uno es consciente de sus limitaciones y prefiere dejar la poesía al bueno de Baltasar del Alcázar, al fin y al cabo inspirador de la receta.

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